viernes, 18 de octubre de 2013

Adiós a Rafael Muñoz Saldaña

Escribió el 26 de agosto en Facebook: “Dime cualquier cosa y yo te daré una frase de Nietzsche para probarla”.
Era filósofo, editor y periodista. Un erudito del lenguaje y la escritura. Es personaje literario en la novela de Javier Marías Negra espalda del tiempo. Juan Villoro creía que era un personaje de ficción, pero no: cuando lo conoció, descubrió que por una década el susodicho tenía contacto epistolar con el autor español de Corazón tan blanco.
Una tarde de lluvia, el 11 de junio, escribió sobre su muro, del “sorprendente poder temporal de nuestra existencia”. El seis de junio había adquirido las Obras completas de la poeta Emily Dickinson. Al parecer le dio tiempo de traducir toda su poesía, que años atrás había empezado. Hay muchos poemas en Facebook. Un ejemplo:
En esta breve vida
Que dura solo una hora
Cuánto —y qué poco—
Está en nuestras manos.
También deja una novela cuya idea central definió en una frase: “El tiempo huye, pero se queda”.
Si uno revisa su muro en Facebook de 2012 hacia acá, quizá hubiéramos advertido que lindaba en lo que Stefan Zweig llama “esa magnífica y peligrosa levadura del alma” que, en una crisis, puede incendiarnos hasta aventarnos al suicidio.
Era un alma solitaria. El 24 de octubre de 2012 escribió: “Una buena forma de hacer un catálogo general de la estupidez en el mundo contemporáneo sería monitorear y registrar todas las conversaciones que, en este preciso momento, ocurre en los diferentes Starbucks del mundo. Yo, al menos, estoy en silencio”.
El 15 de marzo compartió un fragmento de su novela: “Y esa noche, mientras miraba consumirse el cirio de mi Primera Comunión y tocaba sus gotas de parafina líquida, pensé que me gustaría ser como él y lograr que mi vida, en su permanente e irrefrenable proceso de extinción, en su constante perdida de inocencia, generara también alguna forma de calor, algún tipo de luz”.
Le gustaban Schubert y Liszt (tenía todas sus obras). Escribía de David Lynch, Tarkovski y Herzog: era cinéfilo. Le publicamos en la extinta revista Equis, Cultura y Sociedad. Dejó algunos textos en los suplementos Confabulario y Laberinto. Traducía del inglés y francés, y entendía perfectamente el alemán. No tuvo oportunidad de ser más conocido. La cerrazón de algunos medios y revistas es patente. Enrique Krauze, a quien admiraba, le escribió una dedicatoria: “A Rafael Muñoz, compañero querido de travesía intelectual”.
Todavía quiso arrancar un viejo proyecto de revista: 1900. Editor en serio, no de membrete, en la editorial Océano, la Enciclopedia Británica o Televisa. Su Libro de valores vendió medio millón de ejemplares. En el poema 997 de Dickinson, comentó: “la degradación vital es mucho más sutil e insidiosa”. Tenía un Iphone 5…
Vivía con su madre Margarita en el 171 de Avenida México. Tres días antes de la caída, escribió: “¿Alguien conoce o tiene influencia en el IMSS? URGE”. Fui el primero en responder. Pensé que era por su madre. Ni siquiera le llamé... Su prima Macarena Muñoz fue quien avisó de su muerte, vía Facebook, la madrugada del martes ocho. Pedía a sus amigos no llamar porque la señora desconocía la partida. En el anuncio se advierte que preparó su velorio…

Es la única nota necrológica, hasta hoy. Se fue a los 169 años del nacimiento de Nietszche.

2 comentarios:

  1. Cierto así era Rafa, una mente brillante y un corazón pródigo de gentileza, un hombre cálido de impecable sentido del humor.

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  2. Gracias por estas palabras sobre Rafael, que fue mi compañero de primaria en el Colegio Madrid. Era muy sabio, cierto, lo cual es muy raro en alguien tan joven, y también muy solitario. Adiós Rafa, no te vamos a olvidar. Claudia G.

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