viernes, 29 de noviembre de 2013

Actuar: una vida frágil

A Delia Casanova y Blanca Guerra

Un camerino para dos actrices: vestidos, pelucas, zapatillas… Un tocador con dos espejos: uno frente al otro.

Violeta, rumbo al camerino, balbucea, habla consigo misma. Ropa casual pero elegante, va hacia uno de los espejos. Se sienta. Apaga el cigarro. Toma el peine, retoca su cabello. Mira insidiosamente a los espectadores. Susurra apenas. Empieza a maquillarse en el momento en que aparece Rebeca: bata de trabajo, desaliñada. Camina al otro espejo, frente a Violeta. Se miran, entre afecto y envidia. Las dos compiten por el aplauso del público… Saben que es un duelo.

Rebeca: El teatro es un pozo de encuentros con uno mismo. No hay manera de dejarnos vencer por el presente. Tenemos que recurrir a la historia que somos para estar en la escena.

Violeta: No: yo me niego a ser pasado. Tú porque te has dejado vencer, pero yo no, me parece que…

Rebeca: ¡Pecas de arrogancia! No eres una niña. Ya no estamos para cineastas ni directores que buscan a nuevas generaciones, admítelo. No somos protagónicas. Nos usan de reparto y…

Violeta: ¡Somos actrices! Nacimos para eso y de eso nos vamos a morir. Que no me digan que no sabemos actuar. Somos parte de una estirpe que viene de atrás, muy atrás. Nada es nadie sin pasado, sin historia, sin público…

Rebeca: Las actrices de antes actuaban cuando la televisión o el cine no existían. Cuando el teatro era el corazón de los actores. Actrices que no tuvieron que lidiar con este mundo soez. Hoy cualquiera puede pararse a decir que puede interpretar un personaje que no tiene ni trama ni historia ni nada, y que lo único que piden es una nariz respingada con cuerpo de sílfide: No encajamos en ese traje.

Violeta: No se trata de solo ser bella. La belleza es un asunto interior. Luché por ser actriz y estuvieron a punto de partirme la madre porque querían que fuera estrellita al lado de Vicente Fernández o Valentín Trujillo. Busqué a como diera lugar a los mejores directores, serios, para actuar, ¡para actuar!, no encuerarme porque sí… Pero te aclaro, no me arrepiento del cine comercial: tenía que vivir, ser conocida.

Rebeca: ¡Y te desnudaste! No mientas, Violeta: posaste y te gustaba...

Violeta: Qué querías: O hacía lo que me pedían o me cambiaban por otra. No podía pasar mi juventud sin mancha, lo sabes…Tú también te desnudaste en El apando, ¡acuérdate¡ Y te veías muy campante. Te veías muy bonita… Hasta que engordaste.

Rebeca: Violeta, eso… Eso… Me ha costado trabajo.

Violeta: Rebeca, no te pongas así. Sabes que lo comprendo y…

Rebeca: ¡No comprendes nada! Todos, querida, somos resultado de nuestro fracaso, aunque no lo aceptemos. Una actriz sin conflicto es un vegetal. Recuerda al maestro Mendoza en sus clases: así como son, así los quiero. No hay nada mejor para un actor que almas en conflicto con sus vidas, como un ser humano cualquiera, como en la vida.  No puedo menos que aceptar el resultado de lo que soy.


Un silencio inunda el escenario. El público no sabe lo que sigue… Pero se avecina un vendaval.

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