sábado, 25 de octubre de 2014

Sherlock Holmes: contra la mentira

El perro de los Baskerville —de Arthur Conan Doyle— es clave para desenmascarar las mentiras que un padre le dice a su hijo, un niño con síndrome de Asperger: con apenas quince años hace una investigación policiaca al estilo Sherlock Holmes para saber quién mató a Wellington, el perro del vecino. Lo que descubre asombra paso a paso a los ojos del espectador que va al teatro a ver El curioso incidente del perro a medianoche, una novela escrita por Mark Haddon —a quien ya comparan con J.D. Salinger—, en adaptación del dramaturgo Simon Stephens.

No tendría caso escribir de la pieza después del exitazo en la cartelera. Pero es increíble que hasta hoy no haya tenido la crítica que se merece sin importar su éxito comercial: una obra que apretuja el corazón, que muestra racionalmente cómo los autistas manejan la mente, diferente a los considerados “normales”, aun cuando las capacidades de un ser con esas características bien podrían llevar a puestos públicos a descerebrados que han llevado al mundo al desastre.

¿Razones del éxito?: un melodrama, sí, pero sin telenovela de por medio. En el protagonista no existen conceptos de felicidad o tristeza, no soporta las mentiras ni el contacto humano, lo desquician al grado de resultarle insoportable la vida social. Un autista, pues. Hemos visto la obra con los dos actores que la interpretan: Luis Gerardo Méndez y Alfonso Dosal. La selección de ellos orilla a la comprensión de un texto complejo donde no existe la posibilidad del engaño, las metáforas ni los chistes socialmente aptos, digamos, para “gente normal”. Actores sublimes.

Francisco Franco es director de cine (Quemar las naves, de 2007, excepcional), de teatro y de televisión. “Soy director donde sea”, ha dicho. Todo parece indicar que es cierto: unificó un reparto de actores antiguos y modernos que hacen un balance de la realidad pocas veces visto en el teatro. La escenografía de Víctor Ballina es de las mejores de su obra. Pero el autista con alto funcionamiento estruja alma y conciencia: la anormalidad en un mundo donde la normalidad destruye a la naturaleza, y al propio ser humano.

Una familia donde exista uno con Asperger debe ser trágico. Llevar un hijo a la escuela para “estudiantes con necesidades especiales” debe ser atroz. Pero la obra orilla a comprender la diversidad del mundo “civilizado”. Gran montaje, grandes actuaciones, gran trabajo de Francisco Franco en la dirección. Salimos del teatro amando las cualidades diferentes de un autista y empezamos a querer a los animales, entre muchas otras cosas.
Vale la pena ver esta obra, que lean la novela y se acerquen a la prosa de Arthur Conan Doyle. Rara vez el teatro comercial ofrece inteligencia para ganar dinero. Valió la pena ver tres veces la obra y pagar el boleto sin esperar una entrada gratuita (¿será por eso que los críticos de teatro no escriben de estas piezas que se quedan en el mundo de los espectáculos?).



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