viernes, 10 de agosto de 2012

Chavela Vargas, en el último trago



1.- En los 70, los últimos de aquel Teatro Blanquita en que Margo Su hizo historia con la cultura del espectáculo, una noche, cantaba Chavela Vargas. Estaba totalmente ebria y perdida. El público le aplaudía con tristeza y congoja. Se le olvidaban las canciones. No era aquella briosa hembra que peleaba el amor de Noelia Noel a Noé Murayama. Era la mujer a la que Carmen Salinas salió a salvar del escenario, casi a rastras. Fue la última vez que la vimos viva. El mundo se olvidó de ella y ella se perdió por años. La dimos por muerta.
2.- Al inició de los 90 resurge Chavela Vargas en El Hábito de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez. Había dejado de beber y tenía un timbre de voz donde la experiencia cuenta para una intérprete. Los que poco saben dicen que fue Pedro Almodóvar quien la redescubrió al mundo, pero no. El mismo México que la asumió como mexicana fue la que le brindó su renovación en la música ranchera. Sin mariachi, con apenas dos guitarras bastaba para atragantarnos de sentimientos en la tormenta que provocaba su voz, rasposa, altisonante a veces, de blues. Su leyenda llegó a internacionalizarse: la Alemania de Werner Herzog, el cineasta, la inmortaliza como chamana en el filme de 1991, Grito de piedra, antes que Almodóvar.
3.- Una noche llegó a El Hábito el editor español Manuel Arroyo y se enamoró artísticamente de Chavela Vargas, al grado de crearle una disquera, Turner Records, y producirle dos CDs a la cantante de origen costarricense que viajaba con pasaporte mexicano desde 1959. Esas obras, de 1994, son su testamento musical porque ahí se escucha con sus cuerdas vocales en plenitud, sin la penosa pérdida de voz de sus últimos CDs que realizó, tanto con intérpretes famosos como con su homenaje a García Lorca. Los discos de Turner son su último grito de vida, un tesoro invaluable.
4.- Pedro Almodóvar la admiraba tanto que, en 1991, en Tacones lejanos  le pide a Luz Casal que cante “Piensa en mí”, al más puro estilo de Chavela Vargas. Cuando sabe que vive la lleva a su siguiente película, Kika, de 1993, con la pieza “Luz de luna”. Como el propio cineasta escribió: “Me hubiera gustado conocer a Billie Holiday, Edith Piaf, la Niña de los Peines, Bola de Nieve, La Lupe… Pero he conocido a Chavela Vargas, que es como la suma de todos ellos. Conocerla y volver a escucharla ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida”.
5.- La mezquindad y la misoginia en México han sido siempre un problema para el arte y para las mujeres. Leímos que “el esnobismo del cogollo progre convirtió (a Chavela Vargas), en figura del culto”. No le gustó que la homenajearan en Bellas Artes. Nadie conoce al autor porque escribe con seudónimo. Y seguirá así incluso con su verdadero nombre… Bueno, ni hablar. Ese es el periodismo que tenemos, que piensa que la literatura es lo máximo y la canción ranchera es apenas una aproximación al culto popular.

Coda
Igual Chavela Vargas ya es leyenda y se construye su mito. Ustedes dirán…

No hay comentarios:

Publicar un comentario